Pues sí, sin avisar a nadie y casi sin planearlo, ¡a principios de junio me fui a Punta Cana! Lo improvisado del viaje tiene su explicación: tengo familia allí y salió una oportunidad de vuelo barato muy buena, así que había que aprovechar. Además, era el cumple de mi hermanita (celíaca) y todo cuadraba perfectamente. Así que no me lo pensé mucho, compré el billete, armé las maletas con un montón de harinas para mi hermana, y para allá que me fui. La República Dominicana sin gluten me esperaba.

Fue un viaje muy familiar, ya imaginaréis. No me fui a un hotel con todo incluído ni me pasé mañana y tarde en la playa tomando mojitos y piñas coladas. Aunque no pude desconectar del trabajo y estuve publicando cosas constantemente, aproveché para jugar mucho con mi hermanita, dentro y fuera de la piscina, que buena falta nos hacía a las dos.

Y, por supuesto, tomé muy buena nota de todas las cosas que pude sobre la vida sin gluten allí porque, por supuesto, ¡os lo tenía que contar todo a la vuelta! Aún habiendo hecho un viaje un poco atípico, creo que los datos que os traigo no os van a dejar indiferentes y os animarán mucho a viajar a República Dominicana, si es que aún os hacía falta un empujoncito para ir a disfrutar de semejantes playas.

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Aerolínea sin gluten

Algo que nos preocupa muchísimo a la hora de viajar sin gluten es qué comida nos van a dar en el avión. La comida de avión no tiene fama de ser especialmente apetitosa, aunque lo cierto es que en los últimos años la cosa ha mejorado notablemente. Pero si a semejante fama le tenemos que sumar el hecho de que lo tienen que hacer sin gluten, podemos encontrarnos con una oferta gastronómica bastante cuestionable.

Pues os puedo asegurar que esa no fue mi experiencia con Air Europa en absoluto.

Para empezar, el billete lo compré yo por Internet y en ningún momento me dio la opción de elegir una dieta especial en el proceso de compra. Así que contacté con Air Europa por Twitter para pedirles que lo tuvieran en cuenta. Me pidieron el número de reserva, lo gestionaron todo y me confirmaron que tendría menú sin gluten en mi vuelo.

Cuando hice el check-in en el aeropuerto, le consulté a la persona del mostrador si tenía confirmado el menú sin gluten y, efectivamente, así era. Aún así, yo me había llevado por si acaso algo para comer, que nunca se sabe…

Como es un vuelo de en torno a 8 horas, sirven comida dos veces: una comida fuerte y una merienda o desayuno. Cuando llegó mi turno, le comenté al personal de cabina que me atendió que había solicitado el menú sin gluten. Y efectivamente, me trajeron mi bandeja perfectamente señalizada tanto a la hora de la comida como de la merienda.

La comida me pareció muy completa y bastante rica: tenía una ensalada fría de garbanzos con tomate fresco, pechuga de pollo con arroz y verduras a la plancha, dos discos de arroz y fruta de postre.

La merienda hubiera estado genial si hubieran tenido una pequeña precaución: era un «sandwich» de jamón hecho con obleas de arroz y una manzana. Como llevaba unas horas hecho, las obleas de arroz se habían humedecido y era imposible comerlas. Si tan solo hubieran servido el jamón separado de las obleas, hubiera estado perfecto. Así que me comí el jamón solo y el por-si-acaso que me llevaba en la mochila.

El viaje de vuelta fue muy similar. Una vez más, contacté por Twitter con Air Europa 72 horas antes de mi vuelo para confirmar el menú sin gluten y me dijeron que no habría problema. Me volví a llevar algo por si acaso.

La cena que nos sirvieron consistía en una ensalada de col y zanahoria con semillas de chía muy rica, pechuga de pollo con arroz y verduras al vapor con una salsa, unas tostaditas de yuca que me encantan y fruta de postre.

El desayuno fue mucho más «de dieta»: constaba de tres lonchas de queso, un tomate cherry, dos bastoncitos de calabacín, un zumo de naranja y las tostadas de yuca. Yo lo complementé con unas galletas que me había llevado.

Hotel y comida sin gluten

Como decía, allí me alojé en casa de familiares, así que no tuve que buscar un hotel que se adaptara a mis necesidades. Sin embargo, traigo magníficas noticias: mi padre trabaja allí en un hotel (bueno, en dos, en realidad), el Majestic Colonial Resort Punta Cana y el Majestic Elegance Punta Cana, y me ha comentado que en ambos hay opciones sin gluten. Tienen un montón de restaurantes de todo tipo de comidas, tanto de buffet como a la carta, y cuando hay un cliente celíaco le adaptan lo que sea necesario.

Me encantaría contaros muchas cosas de mi experiencia en el hotel, pero tendré que esperar hasta que la dirección del hotel me invite, ejem :P

Mientras tanto, he de deciros que hay otros hoteles en los que también reciben a un celíaco con los cuidados que requiere. Mi consejo es, ante todo, llamar antes de hacer la reserva. Como os contaba en el vídeo sobre cómo viajar sin gluten, es importante que os ofrezcan un menú variado para toda vuestra estadía.

Para ello, os traigo una herramienta genial que os puede venir superbien tanto a la hora de hablar con el hotel como cuando estéis allí: ¡un mapa!

Eso es: resulta que otra cosa no, pero he podido pasearme por los supermercados más importantes de la zona y he de deciros que en sus lineales tienen un montón de productos específicos sin gluten. Así que si en vuestro hotel no os ofrecen pan o galletas para desayunar y dicen que no pueden conseguir pasta para haceros unos espaguetis, comentadles que hay dos cadenas de supermercados con muchos productos sin gluten: Supermercados Nacional y Super Pola.

Como veis, hay varios repartidos por Santo Domingo. Si vais de viaje a Punta Cana, que suele ser lo más habitual, Santo Domingo no queda precisamente cerca de la zona de hoteles, pero sí que tenéis un Nacional y un Pola en la zona de Punta Cana, así que ¡no hay excusa!

Además, en los hoteles grandes hay algunas tienditas con un poco de todo y encontraréis cosas como patatas Lays para que tengáis algo para picar.

Allí no andaréis con coche, pero quizás haya algún servicio del hotel que os recoja en la puerta y os deje en el Centro Comercial San Juan, por ejemplo, que es donde está Coco Bongo. Así que si tenéis antojo de helado, galletas o lo que sea, aprovechad el viaje y compraos algo en el supermercado.

Os dejo con fotos de lo que podéis encontrar en ellos. Como veréis, hay de todo: galletas, chocolates, panes, harinasTened cuidado con el Nesquik, que sí que tiene gluten. También hay un montón de embutidos El Pozo etiquetados sin gluten, desde salchichas hasta pechuga de pavo, ideal para los niños. Vamos, que si no os dan de comer bien y variado en el hotel es porque no quieren.

Muchas cosas están en la zona de congelados o refrigerados, como los panes. También encontraréis zonas específicas sin gluten, la típica zona de dietética, y luego productos repartidos entre los lienales normales con el resto de la comida. Vamos, que si vais al supermercado, ¡tenéis para entreteneros!

La vida sin gluten

Entre unas cosas y otras, al final estuve dos semanas enteras allí que me permitieron disfrutar de la familia y conocer a algunos compañeros de trabajo de mi papi, entre los que se encuentra Maribel, que es seguidora del blog, y a la que me hizo muchísima ilusión conocer. Parece mentira que alguien desde tan lejos y a la que la celiaquía no le toca ni de pasada, esté ahí siguiendo mis aventuras! Maribel y otros compañeros vinieron a cenar un día a casa y ella estuvo pendiente todo el tiempo del tema de la contaminación cruzada y demás. Es más: Maribel es vegetariana y compramos para ella unas hamburguesas vegetarianas que estaban hechas de gluten de trigo, ni más ni menos, y nos las apañamos superbien para comer una al lado de la otra sin que nadie muriera por el camino :P

Mi familia también organizó para el primer día un desayuno buffet con un montón de cosas ricas: bizcocho y magdalenas caseras, tostadas, quesos, embutidos, yogures, fruta…

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En Punta Cana pude disfrutar de unas cervezas sin gluten. Creo que ni hace falta que os diga cuál es, ya os la imaginaréis, pero os dejo las fotos para despejar dudas. También tomé helados y yogures de varios tipos, que venían todos perfectamente etiquetados.

Estando allí hice bastante pan para que mi hermanita tuviera para comer cuando yo me volviera y os colgué alguna que otra cosa en Instagram.

Y, por supuesto, también fui algún día a la playa a tomar el sol, ponerme a remojo y sacar fotos bonitas.

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Espero haberos animado con esta entrada a seguir viendo mundo. Que la celiaquía no os impida ver lugares tan bonitos como este, que siempre hay medios para comer una cosa u otra. ¡Ya tendremos tiempo de volver a casa y retomar rutinas!

¡Felices vacaciones a todos!

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