Leo en otros blogs que cuando van a comer fuera de casa, se encuentran con un menú cerrado, congelado, precocinado, hipercalórico y poco apetecible. Dicen, además, que esto les pasa en restaurantes certificados por cualquier asociación. Teniendo en cuenta que esta persona me lleva de ventaja varios años de celíaca, me imagino que no serán pocas las veces que ha comido fuera de casa y que se las ha arreglado en establecimientos no avalados. Ante todo, mi enhorabuena. Sin embargo, creo que no hay que caer en la generalización. Mi experiencia (que, aunque corta en el tiempo, es bastante rica en variedad y trayectoria) me ha enseñado a huir de las cadenas a las que (espero) se refiere la entrada de la que hablo. En estos restaurantes (si se pueden llamar así) nos encontramos con cambios de personal muy frecuentes y mucha prisa a la hora de preparar y servir la comida. Ante esta situación, los jefazos (y no las asociaciones, y ahí está el fallo) deciden cortar por lo sano: ponemos menú precocinado y así nos traemos a los celíacos y a sus amigos. Siempre que he ido al pequeño comercio me han tratado como persona y no como consumidora. Y eso se nota, especialmente, en los restaurantes. Me viene a la mente Un posto al sole, un maravilloso restaurante italiano de unos milaneses que más que dueños son anfitriones. A lo mejor es que he tenido suerte, y al moverme más por Valencia he tenido la oportunidad de visitar más establecimientos formados por ACECOVA. Me declaro fan absoluta del trabajo que hace esta asociación, y en especial en este aspecto. En Asturias, por ejemplo, no me ha ido tan bien, aunque bien es cierto que he tenido menos oportunidades de comer fuera. Creo, insisto, que no se puede tomar la parte por el todo, y menos si la referencia son las cadenas. En definitiva, en mi opinión el problema no está en las asociaciones, sino en la predisposición que ofrezca la persona que te atiende en el establecimiento. Y es un hecho que el personal de un restaurante de cadena tiene menos margen de maniobra.

Por otro lado, como ya he comentado alguna vez, yo personalmente prefiero ir a restaurantes que han recibido alguna formación. México, para mí el lugar de la amabilidad y buena predisposición por excelencia, me enseñó que todo eso (que ya es mucho) no es suficiente. Es cierto que el tema de la celiaquía aún está mucho más verde allá que en España, y que la palabra “celíaco” no suena tan a chino aquí como allá. Sin embargo, ni hablando con gente (en teoría) muy puesta en el tema de la alimentación me salvé de la contaminación de mi vida. Fue lo que me pasó con Kellogg’s. La experiencia (como digo, corta pero muy variopinta por España y por el mundo) me ha enseñado a tener paciencia y a hablar con los que saben un mínimo.

El tema me viene al pelo para recordarle a todo el mundo que en tan solo dos días estaremos en el MediaLab del Prado hablando de todas estas cositas y muchas más. Sin duda, es un interesante tema de debate, y las dos horas y media se nos van a quedar muy cortas. Contaremos con la intervención de Famalap, Pikerita, Celíaco a los Treinta, Destinos sin gluten, Celiaquitos, los caminantes, y una servidora, y todos de la mano de Foody. Que nadie se olvide de confirmar su asistencia en el correo atencionalcliente@foody.es

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