Es curioso cómo a veces se ponen tantos obstáculos en tu camino que empiezas a pensar que quizás la vida no quiere que vayas por ahí. Pero por otro lado, puede que precisamente la vida te esté intentando dar una lección y te invita a que luches por aquello que quieres y te mereces.

Cuando Schär me invitó hace unos meses a su evento bloguero en Italia supe enseguida que tenía que ir. Pero en ese momento empezaban varios cambios en mi vida que me ponían la logística del viaje muy complicada. Como nunca he sido de echarme atrás por un viaje lleno de escalas, esperas y transbordos, no me lo pensé dos veces. Eché cuentas, miré que todo cuadrara y confirmé mi asistencia.Y aunque quedaban algunas cosas por detallar y arreglar, ya iría viendo cómo me lo montaba.

Os voy a ahorrar toda la odisea por la que tuve que pasar para llegar hasta Gargazzone. Sólo os diré que viajé con Iberia y que tendría que haber llegado antes de las 5 de la tarde y que llegué pasadas las 2 de la mañana.

Pero llegué.

Gargazzone

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La mitad de los blogueros nos alojamos en la Pensión Christine, que queda en Gargazzone. Es un pequeño pueblo de la región de Bolzano, que pertenece al Tirol del Sur. Es una zona en la que se habla casi indistintamente italiano y alemán, y aunque las zonas en las que estuvimos para el evento están en Italia, se nota la influencia austríaca en la gente, en la arquitectura y en la gastronomía.

Las habitaciones eran cálidas y la cama comodísima. Por las mañanas disponíamos de un desayuno de reyes a cargo de Schär y por fin me pude reunir con mis compañeros. Ellos habían disfrutado de una cena navideña de bienvenida que yo, claro, me perdí por el retraso de mi vuelo.

Nuestra jornada empezaba pronto, ya que a las 8 de la mañana nos venían a recoger para llevarnos al evento.

Lana y el resort de montaña Vigilius

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La jornada para blogueros se desarrolló en el resort de montaña Vigilius. Es uno de esos hoteles con todos los detalles cuidados hasta el último rincón y que sólo visitas cuando te invitan. Está en un emplazamiento sin igual con vistas a los Alpes orientales y los Dolomitas. Para llegar, subimos en un funicular entre árboles que poco a poco nos iba dejando ver la extensión del valle en el que se sitúa la ciudad de Lana.

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Mesas de trabajo

En el hotel teníamos una sala en la que se desarrollarían todas las actividades. Marion y Julia, las encargadas del equipo de Schär de organizar el evento, nos dieron la bienvenida e hicimos una breve ronda de presentaciones. Francesas, alemanes, polacas, serbias, españolas, italianas, suecas… Llegados de varios puntos de Europa, Schär nos había congregado allí para trabajar con nosotros. Y yo, encantada.

Nos dividieron en varias mesas de trabajo según nacionalidades. A las españolas nos tocó con las francesas, que en todo momento quedaron sorprendidísimas de lo bien que están las cosas sin gluten fuera de Francia.

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En la primera mesa de trabajo nos hablaron de los proyectos de comunicación de Schär. Estuvimos dándole un buen repaso a Gluten Free Roads, tanto en su formato aplicación (disponible para Android y iPhone) como en su página web. Nos contaron qué criterios siguen para incluir establecimientos, ya que no meten a cualquiera, y estuvimos hablando de qué funcionalidades sería interesante desarrollar en ellas.

También hablamos de Glutenfree Summer, el concurso que desarrolló Schär este verano pasado. Tres afortunadas recorrieron Italia con todos los gastos pagados comiendo sin gluten y contándolo todo en sus redes sociales. Ya les comenté que a ver si el año que viene hacen extensivo el concurso para aquellos que no tenemos carnet de conducir, que con Trenitalia yo me lo montaba muy bien cuando vivía en Italia!

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La segunda mesa de trabajo era sobre productos y, por supuesto, ¡cata! Ya sabéis lo que nos gusta a los celíacos probar cosas nuevas, ¿verdad? Por cada producto que probamos rellenamos un pequeño formulario con nuestra opinión y sugerencias que les haríamos.

Probamos de todo: dos tipos de pizzas, unos grisinis nuevos, el pan de la foto, napolitanas de chocolate, galletas saladas… Había productos de todo tipo: tanto frescos como congelados. Nos comentaron que hay ciertos productos que se comercializan en unos países y no en otros porque están enfocados a diferentes culturas. Y sí que es cierto que hay muchos panes alemanes que no tendrían una buena aceptación en España.

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La tercera mesa estaba dedicada al marketing. Nos enseñaron todo el trabajo y la filosofía que hay de su nueva página web, hablamos de los anuncios que han tenido en la televisión pública este último año e incluso del programa de Schär en Canal Cocina.

Una vez más nos contaron cómo siguen diferentes estrategias de marketing en función del país al que va dirigida la acción, y tuvimos la oportunidad de ver anuncios de otros países. La verdad, a mí el de Francia me gustó bastante.

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Ya sabéis que a mí me encanta todo lo que tiene que ver con conocer el porqué de las cosas, así que la cuarta mesa la disfruté mucho, también. Era la mesa dedicada a Dr. Schär Institute, la iniciativa de esta empresa destinada a la divulgación y al sector profesional: médicos, dietistas, blogueros, asociaciones… No hizo falta que habláramos de qué es la celiaquía, pero sí que nos contaron los pormenores del enfoque nutricional de la dieta sin gluten.

Quizás el contenido que encontraréis en su web es un poco técnico, pero sin duda hay mucha información sobre todas esas cosas que nos producen curiosidad de nuestra vida celíaca.

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La última fue, sin duda, la mesa más distendida. Con cartulinas, cintas, comida y cualquier cosa que pudiéramos encontrar por allí repartida, teníamos que hacer un calendario de adviento. A cada bloguero le fue asignado aleatoriamente un número, correspondiente a una fecha, y teníamos que elaborar ese número con el material del que disponíamos.

La verdad es que disfruto mucho de desconectar el ordenador y hacer cosas a mano, y fue un gusto volver a dar rienda suelta a la imaginación y la creatividad en versión 3D ;)

Comida

La verdad es que con lo que habíamos desayunado, picado en el descanso de media mañana y comido en la cata, parecería que no tendríamos nada de hambre… Y fue el caso de mucha gente, pero no el mío. Y menos con los platos que nos tenían preparados.

En el Vigilius cuentan con una cocina delicada y cuidada de esa que, una vez más, sólo pruebas cuando te invitan. Y sí, siempre tienen opciones sin gluten, no sólo cuando nos llevan a nosotros.

El primer plato era una ensalada de repollo con jamón y alcaravea (comino). El segundo plato, que me maravilló, eran unos Späztle de remolacha con queso azul de Sarentino (una ciudad de Bolzano). Los Spätzle son una pasta típica alemana que ya había probado en casa de mano de mi cuñado. Estos estaban hechos con remolacha y estaban exquisitos.

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Concurso de cocina

Por supuesto, si invitas a un grupo de blogueros gastronómicos a una jornada, los tienes que poner a cocinar, así que organizaron un concurso de cocina muy divertido. Por sorteo, nos repartieron en grupos de dos en dos y a cada pareja se le asignó una mesa. En cada mesa teníamos una bolsa con tres ingredientes y podíamos elegir hasta tres más para desarrollar nuestra receta. Yo trabajé con Simonetta y nos tocó una mermelada de frambuesa, avellanas y la nueva harina de Schär, Mix It!, que es sin maíz.

Elaboramos unas galletas rellenas de mermelada que gustaron mucho al jurado. Nos quedaron suaves, nada pastosas y en el punto justo de dulzor. Eso sí: si las hubiéramos rellenado de mermelada después del horneado habrían quedado incluso mejor. Pero estaban riquísimas!

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Aperitivo y cena

La jornada estuvo genial, pero la verdad es que terminamos agotadísimos. Así que tras el concurso de cocina, tuvimos la oportunidad de disfrutar de un aperitivo de lasaña con un espumoso blanco. También había prosciutto di parma. A mí personalmente me vino genial este descanso porque me permitió hablar largo y tendido con varios compañeros blogueros y conocer a gente maravillosa. Así, de la nada, terminamos hablando, como digo yo, de la vida y de tonterías a partes iguales, y ya estamos preparando un viaje a Barcelona.

Y es que ya sabéis lo que pasa con las experiencias que nos pone la vida en su camino: nunca sabemos por dónde van a salir las cosas.

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La cena fue igual de deliciosa. El primer plato fue una «ensalada del granjero», que consistía en lechugas variadas, con carne ahumada y manzana, todo ello con un aliño de manzana. El segundo plato fue una carne de Laugenrind con polenta con queso y champiñones. Deliciosa. Y, por supuesto, todo ello con su vino correspondiente.

El postre, como no podía ser de otra forma, una tarta de chocolate. Yo aproveché y acompañé el postre con un café espresso de esos que sólo saben hacer en Italia.

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Paseo y despedida

Al día siguiente fuimos a dar un paseo a la ciudad de Merano. Allí, la tradición de los mercadillos navideños está muy arraigada y, una vez más, tiene influencias austríacas. Así que en sus mercadillos podemos encontrar tanto dulces y regalos típicos italianos como Glühwein (vino caliente especiado). Yo probé un zumo de manzana caliente, que se puede tomar también con ron. Con el frío del invierno en pleno mercadillo navideño, viene genial una bebida tan calentita. Nos sacamos alguna foto y después tuvimos un tiempo para dar un paseo y nos recorrimos buena parte del río disfrutando de la calma del día libre.

Y fue donde descubrimos el camino de hojas amarillas.

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Mi día libre

Decía el Mago de Oz que no hay ningún lugar como el hogar, y tenía mucha razón. Pero ya sabéis que yo soy lo que un profesor mío llamaba «culo de mal asiento» y disfruto de un viaje como la que más. Además, llevo varios meses de muchísimo trabajo sin parar para nada.

Así que cuando me vi que tenía toda la tarde del sábado para mí sola, porque no me volvía a casa hasta el domingo, qué queréis que os diga: disfruté. Descansé y desconecté como hacía tiempo que no hacía. Por fin apagué esta lavadora que tengo por cabecita y me dediqué a disfrutar.

Di un paseo por Gargazzone y me tomé un capuccino en una cafetería superentrañable, pero tuve que volver pronto al hotel porque llovía. Ese día cené temprano en Peter’s Keller, el restaurante que está en el sótano de la Pensión Christine. No tienen menú específico para celíacos, pero de mil amores me explicaron qué podía comer. Me dejé asesorar y comí una carne con salsa impresionantemente buena y tierna. Disfruté de la cena pausada y sin reloj. Me volví a mi habitación, me di una ducha muy caliente y me fui pronto a la cama, que el viaje de vuelta del día siguiente prometía ser agotador.

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Mi camino de hojas amarillas

En los años que llevo de blog, he asistido a varios eventos blogueros que he disfrutado enormemente. A pesar de todas las dificultades que tuve para llegar hasta allí, el evento de Schär me dejó con un buenísimo sabor de boca: nos trataron a las mil maravillas, me sentí arropada y atendida cuando más necesitaba una mano, y me volví feliz, contenta y en paz de haber pasado unos días geniales.

Muchísimas gracias a todo el equipo de Schär, Vigilius y Pension Christine por haberlo hecho todo tan sumamente fácil, y en especial a Julia y Marion por todo lo que trabajaron para que todo saliera a la perfección.

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