Según el National Center for Complemenentary and Integrative Health (NCCIH), perteneciente al conjunto de National Institutes of Health (NIH) del US Department of Health and Human Services (el Gabinete del gobierno de los Estados Unidos que lleva los temas de salud y servicios sociales), los probióticos son microoorganismos vivos que son iguales o parecidos a los que se encuentran de forma natural en el cuerpo humano. Además, según la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), los efectos beneficiosos en la salud humana y en la nutrición de los alimentos con microorganismos vivos agregados (los llamados probióticos) han sido cada vez más reconocidos por los profesionales de la salud. Debemos saber que hay diferentes tipos de bacterias y que cada una de ellas tiene una funcionalidad diferente. Por lo tanto, no todas las cepas de probióticos servirán para lo mismo. Además, algunas de ellas tienen una cantidad más significativa de estudios científicos que los respaldan, mientras que otros aún están en proceso. En este artículo vamos a hablar un poco de todo ello y de cuáles son aquellos adecuados para patologías que producen afecciones digestivas como el daño de las vellosidades intestinales en la celiaquía.

Aviso que esta es una entrada que lleva detrás bastante tiempo de investigación y de contraste de información en la que encontraréis un montón de referencias. Os he dividido el artículo en diferentes partes para que, quienes no queráis leerlo entero, vayáis directamente a aquello que más os interese.

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¿Qué son los probióticos?

Como decíamos, son microorganismos vivos que ya están presentes en nuestro organismo de forma natural o que son muy similares. De hecho, dice Daniel Ramón, consejero delegado de Biópolis, 1 kg. de una persona de 70 kg. de peso son los microorganismos de su tracto digestivo. Es más: según el NCCIH, tenemos 10 veces más bacterias que células. Estas bacterias que tenemos en nuestro organismo nos ayudan, entre otras cosas, a hacer la digestión de una forma correcta. A los probióticos se les atribuyen propiedades beneficiosas para la salud y se venden en formatos de productos lácteos, complementos alimenticios e incluso como productos que no se ingieren de forma oral, como cremas.

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¿Para qué sirven los probióticos?

La mayoría de los estudios científicos que se han desarrollado sobre los probióticos van en la línea de prevenir o tratar una pequeña variedad de problemas de salud, tales como:

  • Problemas digestivos, especialmente la diarrea asociada a infecciones o al consumo de antibióticos.
  • Problemas alérgicos, como la dermatitis atópica.
  • Patologías dentales y orales.
  • Cólicos en bebés.
  • Enfermedades del hígado.
  • Prevención de la enterocolitis necrosante, una enfermedad que aparece en recién nacidos, especialmente en aquellos prematuros o con bajo peso, y que afecta al aparato digestivo.

Ante el creciente interés en los diferentes tipos de probióticos, la FAO editó una consulta de expertos sobre la evaluación de las propiedades saludables y nutricionales de los probióticos en los alimentos, en la que concluye:

  1. Hay datos científicos suficientes de que existe la posibilidad de derivar beneficios para la salud del consumo de probióticos. Sin embargo, como veníamos diciendo, hay más evidencia de unos que de otros. Lo veremos más adelante.
  2. Determinadas cepas de probióticos son inocuas para el consumo humano. Para extrapolar esta característica a otras cepas, se deberán estudiar debidamente.
  3. Entre los beneficios para la salud que proporcionan los probióticos, se incluyen aquellos que combaten infecciones gastrointestinales, ciertos trastornos intestinales, alergias e infecciones urogenitales.
  4. Ya se cuenta con datos que señalan que personas sanas pueden consumir probióticos como medio para prevenir ciertas enfermedades.
  5. No se había establecido hasta entonces (2001) a nivel internacional una reglamentación sobre los probióticos, aunque sí en algunos países.

Además, la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos (SEPYP) editó en 2009 un documento de consenso sobre los probióticos del cual extraigo lo siguiente:

  1. Los probióticos son microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas confieren un beneficio a la salud del hospedador.
  2. Las sustancias “constituyentes de” o “producidas por” microorganismos no deben considerarse probióticos aun cuando tengan efectos biológicos saludables.
  3. Para que un microorganismo sea calificado de probiótico es imprescindible demostrar científicamente que produce efectos beneficiosos en la salud del hospedador.
  4. Los efectos beneficiosos para la salud deben demostrarse mediante estudios realizados en población humana con metodología científica adecuada.
  5. Los estudios de laboratorio o en modelos animales son imprescindibles, pero por sí mismos no son prueba suficiente de eficacia en salud humana.
  6. Los efectos demostrados para una cepa no son extrapolables a otras cepas de la misma especie.
  7. Un probiótico con eficacia demostrada para una aplicación en concreto no es necesariamente válida para otras indicaciones.
  8. La eficacia de algunas cepas probióticas está ampliamente documentada para indicaciones concretas de salud gastrointestinal, como algunos tipos de diarrea, estreñimiento, intestino irritable e inflamación intestinal.
  9. Existen cepas probióticas con eficacia demostrada para indicaciones concretas sobre el sistema inmune, como en la prevención de infecciones.
  10. Las evidencias científicas observadas sobre un tipo de población no son extrapolables a otra población que varíe en edad (niños y ancianos) o en estado fisiológico (por ejemplo, gestación y lactancia).

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¿Qué evidencia científica hay acerca de los probióticos?

Cuando hablamos de que unas cosas u otras son beneficiosas o perjudiciales para la salud, es importante contar con una evidencia científica lo suficientemente significativa para hacer tales afirmaciones. El problema es que hay veces que no se cuenta con dichos estudios en la amplitud y longitud (en el tiempo) que serían ideales. Sin duda unos primeros estudios dan esperanzas y pistas, pero lo cierto es que en el tema de los probióticos hay mucho camino por recorrer aún. Precisamente, el servicio National Health Service Choices, el mayor portal de salud del Reino Unido, editó el 28 de enero de 2016 un artículo en el que repasa algunos de los beneficios que se atribuyen a ciertos probióticos y cuán científicamente probados están. Para que podáis acceder a esta información, os traigo aquí un resumen en español de lo que se comenta en dicho artículo.

  • Diarrea asociada a antibióticos: hay una evidencia científica lo suficientemente significativa como para afirmar que las dosis suficientes de ciertos probióticos (Lactobacillus rhamnosus o Saccharomyces boulardii) ante la presencia de antibióticos, pueden prevenir la diarrea asociada a antibióticos. Sin los probióticos, los antibióticos pueden destrozar la bacteria protectora del intestino, lo cual da lugar a diarreas.
  • Diarrea infecciosa: hay ciertos estudios que afirman que los probióticos pueden acortar un episodio de diarrea producido por un virus, pero todavía no es lo suficientemente significativa.
  • Enterocolitis necrosante: las evidencias en este sentido son bastante buenas y esperanzadoras, aunque aún hay ciertas incertidumbres en todo el proceso de que los probióticos puedan reducir el riesgo de que bebés prematuros sufran de enterocolitis necrosante, por lo que aún no se recomienda una rutina de probióticos en ellos.
  • Síndrome de intestino irritable: los probióticos pueden disminuir la hinchazón y flatulencia en algunas personas con SII, según un estudio hecho en 2010, aunque aún se desconoce cuál es la cepa en concreto más beneficiosa para ellos. Puede no funcionar con todos, por lo que se recomienda un consumo durante 4 semanas según la dosis recomendada por el fabricante para ver si se notan beneficios.
  • Intolerancia a la lactosa: si bien los probióticos no van a curar la intolerancia, algunos estudios demuestran que ciertas cepas de probióticos como el Lactobacillus acidophilus puede ayudar a disminuir los síntomas.
  • Reservoritis o pouchitis en colitis ulcerosa: a algunos pacientes con colitis ulcerosa se les extrae un trozo del intestino y se les reconstruye con una especie de bolsa. Esto puede producir una inflamación aguda de la bolsa que se puede prevenir o reducir con probióticos, aunque aún se está en proceso de estudio para poder recomendarlos como un tratamiento efectivo.
  • Cólicos en bebés: al parecer, hay muy poca evidencia de que realmente sean efectivos los probióticos en el tratamiento de bebés con cólicos. En 2013 un estudio concluyó que algunos probióticos sí que ayudaban a niños que se alimentaban sólo de leche materna, pero un estudio más riguroso posterior probó que los probióticos no producían efecto alguno en los bebés, ni en los amamantados ni en los que se alimentan de leche artificial.
  • Sistema inmunitario: algunos yogures se han publicitado durante mucho tiempo como que “mejoran tu sistema inmunitario”, pero la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria probó que dichos efectos no estaban demostrados.
  • Vaginosis bacteriana: no se puede recomendar los probióticos como tratamiento contra la vaginosis bacteriana, ya que los resultados de las investigaciones realizadas al respecto no son lo suficientemente consistentes.
  • Enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa: hay carencia de evidencia científica que permita concluir que los probióticos son efectivos a la hora de disminuir los síntomas de estas patologías.
  • Eczema: hay pocas pruebas de que los probióticos ayuden a combatir la severidad del eczema presente en una persona o incluso que reduzca sus síntomas (como el picor), según una revisión hecha en 2008.

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Seguridad de los probióticos

Según el NCCIH, en personas en general sanas, los probióticos han demostrado contar con unos niveles de seguridad adecuados. Los efectos secundarios, de ocurrir, consisten como mucho en leves molestias digestivas como gases. Sin embargo, en personas con graves problemas médicos, se han registrado efectos secundarios de mayor entidad como infecciones. Las personas que están en mayor riesgo de desarrollar este tipo de efectos secundarios son aquellas con enfermedades crónicas críticas, personas que han pasado por cirujía recientemente, niños severamente enfermos y personas con el sistema inmune deprimido.

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Probióticos aislados vs. comunidades de microorganismos

Patricia L. Hibbered, doctora en el Hospital General de Massachusetts y profesora de pediatría de la Universidad de Harvard, plantea que debemos pensar en cómo funciona un microorganismo probiótico por si solo y cómo puede funcionar en combinación con otros microorganismos (bacterias o no). Hay casos en los que, por muy beneficioso que pueda ser el probiótico aislado, parece ser que por la patología o las características de la persona a la que se suministra, no son de gran ayuda y por lo tanto es más interesante plantearse la posibilidad de proporcionarles una comunidad más compleja. Sin embargo, resulta complicado cómo decidir qué microorganismos conforman esa comunidad y si trabajan bien juntos. Por lo tanto, hay mucho trabajo de investigación que se necesita hacer a este respecto. Sin embargo, hay razonas por las que ser muy optimistas en este aspecto, debido a los resultados prometedores de ciertos probióticos de forma aislada.

En este sentido, la Dra. Hibbered considera que la tecnología ómica va a ayudar a valorar el efecto real que pueden tener los probióticos o las comunidades de microorganismos en las personas que los consuman, y, más aún, a quién realmente benefician y a quién no.

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Probióticos y celiaquía

Dos de las familias de probióticos más estudiadas y desarrolladas son el Lactobacilus y el Bifidobacterium. De esta última, se terminó de desarrollar y patentar hace tres años el llamado Bifidobacterium Longum ES1 como probiótico especializado en la reducción de la inflamación intestinal.

Las personas celíacas, al igual que otras personas con patologías que tienen su fundamento en el tracto digestivo, cuentan con una configuración de la microbiota intestinal diferente al resto de individuos sanos. Según un estudio publicado por Yolanda Sanz, esto es así tanto en celíacos que no siguen una dieta sin gluten como en aquellos que sí la siguen, lo cual parece indicar que esta alteración no es una mera consecuencia, sino también una causa. En concreto, según Biópolis, los celíacos tienen un “incremento de una especie bacteriana llamada bacteroides y de algunos microorganismos patógenos que en buena medida son mediadores de inflamación intestinal”. Esther Caparrós Cayuela, profesora del área de inmunología de la Universidad Miguel Hernández (Alicante), indica que según las publicaciones científicas relacionadas con la composición de la microbiota intestinal, parece ser que hay una asociación entre la composición diferencial bacteriana en individuos sanos frente a enfermos. Esto supone que un individuo sano tiene unas capacidades distintas a la hora de metabolizar alimentos con respecto a uno enfermo. Como decíamos, esto no sólo tiene lugar en celíacos, sino también en otro tipo de patologías. Y cuando se produce un desequilibrio en esta flora y se favorece la proliferación de unos microorganismos frente a otros, como los bacteroides que son medidores de inflamación intestinal, puede tener lugar dicha inflamación.

Cabe recordar aquí que el hecho de que los celíacos no consumamos gluten hace que eliminemos el agente que desencadena los síntomas (externos o no), pero no nos curamos, no dejamos de ser celíacos y, por lo tanto, nuestra microbiota intestinal se mantiene diferente a la de un individuo sano.

En este sentido han ido las investigaciones desarrolladas en torno al Bifidobacterium Longum ES1: se han hecho estudios en niños celíacos para estudiar el efecto de dicho probiótico y lo que se ha observado es que los niños que tomaban el probiótico frente a los que tomaban el placebo tuvieron una bajada del conteo de los bacteroides de los que hablábamos. Ante todo, cabe destacar que dichos estudios se han realizado en niños que seguían una dieta sin gluten, de tal manera que sus efectos sólo están probados en el marco de una dieta sin gluten. Por lo tanto, esta dieta de exclusión sigue siendo imprescindible para la salud del celíaco. El caso es que sí que ayudó a disminuir la inflamación intestinal y los síntomas y fue acompañado de un aumento de talla científicamente significativo y un ligero aumento de peso no científicamente significativo.

Hablando con dos amigos de esta diferente configuración de la microbiota del celíaco (y de personas con otras patologías) me comentaban que quizás nuestro intestino ya está acostumbrado a esa diferencia, y el hecho de meterle un probiótico para combatir el exceso de bacteroides puede resultar aún peor. A este respecto les decía yo que lo primero que se ha hecho en el proceso de investigación del Bifidobacterium Longum ES1 es asegurar y garantizar la inocuidad del probiótico (ya veíamos en el consenso científico que es un requisito fundamental), por lo cual no hay razones para pensar que pueden ser “malos”. Además, se ha probado que el probiótico en cuestión se desecha por las heces mediante un estudio realizado en adultos y no se registró ningún tipo de efecto secundario.

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¿Son necesarios los probióticos en la celiaquía?

Como veíamos, los estudios llevados a cabo en relación al Bifidobacterium Longum ES1 son muy prometedores debido a su capacidad de reducir la bacteria potencialmente proinflamatoria, las reducciones de linfocitos T activos y la reducción de marcadores inflamatorios (TNF-a), pero debemos tener en cuenta que todos estos estudios se basan en celíacos que siguen una dieta libre de gluten.

Tal y como veíamos en el apartado de “evidencia científica” y de acuerdo a la nota publicada por Edgardo Smecuol, María Inés Pinto-Sánchez y Julio C. Bar en relación al estudio publicado por el equipo de Marta Olivares, es importante seguir ahondando en investigaciones que respalden los efectos del Bifidobacterium Longum ES1. Es por ello que, aunque inocuos y científicamente probados, no se pueden prescribir estos probióticos como tratamiento. A día de hoy la dieta sin gluten es la base fundamental sobre la que se asienta la salud del celíaco. Por lo tanto, el Bifidobacterium Longum ES1 sólo tiene sentido en el marco de una dieta sin gluten. No sustituye en ningún momento a la dieta sin gluten ni a transgresiones puntuales.

En cualquier caso, son interesantes todos los estudios que se vayan haciendo en este sentido, al igual que el desarrollo de productos que nos permitan mejorar nuestra salud digestiva. Tengamos en cuenta que los celíacos debemos basar nuestra dieta en alimentos sin gluten por naturaleza, pero el consumo de productos elaborados y productos específicos sin gluten hace que nos expongamos a diario a pequeñas partes por millón de gluten. La comunidad científica ha establecido en 20ppm la cantidad de gluten que puede contener un alimento para resultar inocuo a los celíacos dentro de una dieta equilibrada, aunque hay ciertos países en los que ese límite se ve rebajado hasta 10. Lo que está claro es que cuantos más de esos productos con pequeños porcentajes de gluten consumamos a diario, más nos expondremos a sus efectos.

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Cómo incluir los probióticos en nuestra dieta

Como decíamos al principio, hay diferentes productos desarrollados y disponibles en el mercado para acceder a los diferentes tipos de probióticos: en productos lácteos, en complementos alimenticios y en aplicaciones no orales. Además, recordemos que cada probiótico tiene una funcionalidad diferente, por lo que no nos servirá cualquier tipo de cepa para lo que nos interesa.

Dr. Ku es una empresa especializada en el desarrollo de complementos alimenticios y entre ellos se encuentran sus diferentes familias de probióticos:

  • Flora diez: contiene una mezcla de Bifidobacterium lactis, Lactobacillus rhamnosus y Bifidobacterium longum ES1 que forman una de las comunidades bacterianas de las que hablábamos antes y están incluidos en el listado aprobado por la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria). Está indicado para favorecer el confort digestivo en personas que tengan alteraciones en su flora intestinal, bien sea por patologías o por el consumo de antibióticos. Además, está enriquecido con carbonato cálcico (una cápsula contiene el 15% de la cantidad diaria recomendada) y con fibra alimentaria. Se recomienda el consumo de una cápsula diaria en periodos de 28 días con descanso de una semana entre periodo y periodo.
  • Flora cardio: está compuesto por una colonia de Bifidobacterium lactisBPL1, Lactobacillus rhamnosus y Bifidobacterium longum ES1 enriquecida con sulfato de zinc, clorhidrato de tiamina y picolinato de cromo que suponen el 15 % de las cantidades diarias recomendadas de zinc, tiamina y cromo. Está desarrollado especialmente pensando en la salud del corazón, ya que el cromo ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre y el zinc contribuye al metabolismo de los hidratos de carbono, macronutrientes y ácidos grasos.
  • Flora mujer: su contenido en extracto seco de arándano rojo y de semilla de uva contribuye a prevenir infecciones urinarias junto con la mezcla de los probióticos Lactobacillus rhamnosus, Bifidobacterium lactis y Bifidobacterium longum ES1. En función del momento se recomienda un tratamiento de choque (2 cápsulas diarias) o de mantenimiento (1 cápsula diaria).
  • Flora inmune: se presenta tanto para adultos como para niños en formato de polvo soluble. Contienen una colonia de Bifidobacterium lactis, Lactobacillus rhamnosus, Bifidobacterium breve y Lactobacillus paracasei junto con clorhidrato de piridoxina (vitamina B6), clorhidrato de tiamina y cianocobalamina (vitamina B12) con la intención de contribuir al correcto funcionamiento del sistema inmunitario en épocas de cambio de estación, estrés o inestabilidades varias.

Además, ninguno de estos formatos comerciales contiene gluten o lactosa y son aptos para vegetarianos. Son resistentes a los antibióticos y sobreviven a los ácidos del estómago, por lo que llegan en perfectas condiciones al intestino. Podéis encontrar estos productos y muchos otros complementos alimenticios en su página web, donde tienen la tienda online.

Como veis y como ya hemos comentado varias veces a lo largo del artículo, cada probiótico y cada comunidad o colonia formada por varios de ellos y otros complementos alimenticios, tiene una funcionalidad específica, y se ha probado su efecto para esa funcionalidad, pero no para otras. Por lo tanto, no es lo mismo tomarse un yogur que tiene un probiótico cualquiera que tomarse uno específico para el problema que nos atañe en un momento dado.

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