Parece mentira que la primera vez que oyera hablar de endometriosis fuera hace menos de un año. Lo de que el dolor de regla no es normal ya me lo olía, pero que detrás de él puede haber una enfermedad con su nombre y todo ya era otro asunto. Yo personalmente siempre he tenido reglas dolorosas, pero también es verdad que casi siempre he podido controlar los dolores tomando ibuprofenos.

Según el mes, me ha tocado tomar más días o menos, pero por lo general al tercer día ya no lo necesitaba. Hasta que hace un año y medio tuve tres meses de dolores insoportables que no se me pasaban con nada. La única etapa de mi vida en la que no había tenido dolores menstruales había sido cuando había estado utilizando anticonceptivos hormonales (concretamente, yo usaba el parche). Con aquella experiencia y con lo mal que estaba hace un año y medio, volví a los anticonceptivos y mi vida ha sido normal desde entonces.

Hace unos seis meses, hablando de este tema en uno de los grupos de Facebook, una seguidora del blog me escribió por privado y me habló de la endometriosis. Ciertamente yo no tengo diagnóstico alguno de endometriosis: cada vez que he ido al ginecólogo y le he comentado de mis dolores, me ha mandado una ecografía y, al verlo todo bien, se ha encogido de hombros y lo ha dejado en “te duele la regla”.

Una de las cosas que me comentó esta chica fue que uno de los tratamientos posibles para esta enfermedad es la terapia hormonal y, entonces, cobraría sentido para mí que con el anticonceptivo hormonal esté bien. También me dijo que existe cierta relación entre la celiaquía y la endometriosis y me lo dejé apuntado para investigarlo más a fondo.

Hoy, después de despejarme la agenda de muchas otras cosas, por fin puedo venir a contaros qué he averiguado al respecto.

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Qué es la endometriosis

Buscando la definición de endometriosis me he encontrado con el mismo panorama que me imagino que se encuentra alguien cuando busca qué es la celiaquía o, peor, la sensibilidad al gluten no celíaca. Cada portal dice una cosa distinta, e incluso las supuestas fuentes oficiales hablan en términos diferentes.

Ya os podéis imaginar que estamos ante una patología en general bastante desconocida, y os adelanto ya que va a ser la tónica general de todo el artículo.

La Guía de atención a las mujeres con endometriosis en el Sistema Nacional de Salud (SNS), editada en 2013 por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, define a la endometriosis de la siguiente manera:

La endometriosis se define como la implantación y crecimiento benigno de tejido endometrial fuera del útero, siendo las localizaciones más frecuentes afectadas por la endometriosis el peritoneo pélvico y los ovarios, si bien, ocasionalmente pueden encontrarse lesiones en otras muchas partes como el intestino, vejiga, estómago, pulmón, etc. Este tejido tiene dependencia hormonal del ciclo menstrual, produciéndose sangrado y desprendimiento del mismo con la menstruación. Se trata de una enfermedad crónica cuya causa se desconoce, aunque se ha comprobado una cierta predisposición genética.

La Asociación de Endometriosis de Madrid editó en 2016 un folleto en el que recoge la definición de la endometriosis de la siguiente manera:

La endometriosis es una enfermedad que casi solo afecta a las mujeres. Es una inflamación crónica. Es considerada un tumor ginecológico porque depende de estrógenos. Además, es un trastorno del sistema inmune con base genética.

El Dr. Francisco Carmona es ginecólogo en Barcelona y, por lo que he podido averiguar, está muy especializado en endometriosis. Él la define de la siguiente manera:

La Endometriosis es una de las patologías ginecológicas benignas más frecuentes. Ocurre cuando el tejido endometrial (el tejido que reviste la cara interna del útero cuya función es la nidación del embrión) crece fuera del útero. Este tejido responde a las hormonas sexuales de igual manera que lo hace el endometrio: Cada mes, los ovarios producen hormonas que le ordenan a las endometriales hincharse y volverse más gruesas para así estar preparadas para un eventual embarazo.

Si el embarazo no se produce, el cuerpo elimina estas células en forma de menstruación. Cuando estas células crecen fuera de su lugar habitual (endometriosis), responden de igual manera, pero a diferencia del tejido endometrial normal, no se eliminan con la menstruación.

Recientemente, la Organización Mundial de la Salud publicó su 11ª revisión de la clasificación de las enfermedades y ha incluido a la endometriosis entre las “patologías no inflamatorias del tracto genital femenino”.

Me llama mucho la atención que llegue la OMS y clasifique esta patología como “no inflamatoria” cuando todas las demás fuentes apuntan a exactamente lo contrario. Pero, claro, luego vemos que, aún 6 años después de que tengamos claro que la celiaquía es una enfermedad autoinmune, la OMS siga clasificándola como “enfermedad del intestino delgado” y la defina como “intolerancia”.

Mientras, otros portales como Endoinformación hablan de “enfermedad tumoral crónica con componente inmunológico y de base genética“.

En lo que todos coinciden es en que el origen es desconocido. También hablan de que la prevalencia es muy difícil de estimar, puesto que hay muchas mujeres que tienen endometriosis sin presentar síntomas y otras tantas, a pesar de tener síntomas, no tienen diagnóstico. Aún así, las estimaciones oscilan, según la fuente, entre el 5 y el 20% de la población femenina.

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Alimentación

La idea de escribir este artículo surgió porque muchas personas me preguntaron por la relación entre gluten y endometriosis o celiaquía y endometriosis.

Y ojalá viniera con mejores noticias, pero, como ya os comentaba antes, está todo muy en el aire.

Al parecer, una adecuada dietoterapia puede ayudar a mejorar los síntomas de la endometriosis pero, obviamente, sin hacer milagros. Se trata de una serie de pautas dietéticas generales que podrían ayudarnos a sentirnos mejor, pero en todo caso quienes tendrán la última palabra sobre las pautas concretas para cada mujer serán los especialistas ginecológicos y nutricionistas.

En general, por lo que he podido aprender la información de la psicóloga y nutricionista Laura Moreno y del Dr. Carmona, las recomendaciones se centran en tener una alimentación lo más saludable posible y evitar alimentos que puedan resultar proinflamatorios.

Qué sorpresa, ¿verdad?

Es verdad que ellos señalan varios puntos clave como que hay que evitar los lácteos, los huevos, las carnes procesadas y la carne de vaca y, por descontado, los azúcares libres e hidratos de carbono refinados, los alimentos procesados y el alcohol. Y en esta lista de “enemigos públicos” incluyen al gluten.

Sobre todo lo anterior he de ser muy sincera y decir que no tengo nada que aportar, pero sobre el papel del gluten en este aspecto sí me gustaría hacer algunas apreciaciones en base a la bibliografía científica y las recomendaciones médicas generales. Me gustaría dejar claro que esto no son más que apreciaciones personales por lo que he podido aprender y que, por supuesto, una vez más, la última palabra sobre nuestras necesidades concretas las tienen los sanitarios que nos atienden.

Gluten y endometriosis

Por lo que he podido averiguar, las recomendaciones que van en la dirección de evitar el gluten si tenemos endometriosis se basan en las tres únicas publicaciones que podemos encontrar en Pubmed. Si alguien tiene alguna referencia bibliográfica más, me encantará verla, porque yo no he dado con ninguna otra.

Estas tres publicaciones son:

  • Del 2015, un pequeño abstract del Journal of Minimally Invasive Gynecology que habla de un estudio retrospectivo en 300 mujeres con endometriosis profunda. La mitad de ellas seguía un tratamiento hormonal y, la otra mitad, llevaba dieta sin gluten además del tratamiento hormonal. Lo que observaron fue una “mejora estadísticamente significativa” del dolor pélvico entre las mujeres que no consumían gluten.
  • Del 2014, un case report, que viene a consistir en dejar constancia de un caso concreto en una persona, que no habla de gluten y endometriosis, sino de celiaquía y endometriosis. Esta publicación habla de la relación entre celiaquía e infertilidad (cosa que ya conocemos) y plantea que se debe estudiar el papel de la endometriosis en esa ecuación.
  • Del 2012, un estudio retrospectivo realizado en 207 pacientes con endometriosis observó una mejoría estadísticamente significativa en el grupo que siguió una dieta sin gluten tras un año. El estudio, en esencia, plantea que la dieta sin gluten pueda suponer una nueva estrategia para el manejo de los síntomas de la endometriosis.

Como veis, el panorama es muy pero que muy incierto y que las mejoras en cuanto a síntomas de la endometriosis por seguir una dieta sin gluten se basan más en la experiencia que en una evidencia científica lo suficientemente significativa.

Lo que francamente echo de menos en los estudios del 2015 y del 2012 es que en ningún momento se habla de si se descartó el diagnóstico de celiaquía a las pacientes que comieron sin gluten.

¿Cuál es el problema aquí? En principio, parecería que no se pierde nada por probar a comer sin gluten, ¿no? Y sí, tiene mucho sentido, pero antes de que concluyamos aquí nada (que, os adelanto, no lo vamos a hacer de manera tan categórica), mejor lo vemos en el siguiente apartado.

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Celiaquía y endometriosis

Varias pistas parecen apuntar a que hay cierta relación entre la celiaquía y la endometriosis, pero sus fundamentos son aún desconocidos. Por un lado, tendría sentido que, si consideramos la endometriosis una alteración del sistema inmunológico y, para más señas, con cierta base genética, la celiaquía pudiera tener una relación con ella al igual que la tiene con todas las demás enfermedades autoinmunes.

Pero, por ahora, y por lo que he podido averiguar, esta entidad de autoinmunidad no está del todo reconocida en la endometriosis.

Por otro lado, sí que hay un estudio muy amplio en tiempo y muestra sobre la diferencia de la prevalencia de la endometriosis entre la población general y la población celíaca y resulta ser que efectivamente, en proporción, hay más mujeres con endometriosis entre las celíacas que entre las no celíacas.

Pero es que si, además, se observa que una cantidad estadísticamente significativa (dentro de lo limitantes que son los estudios en 200 o 300 mujeres) de mujeres mejora de los síntomas de la endometriosis siguiendo una dieta sin gluten, cabría plantearse si es que no hay una celiaquía subyacente que está dando la cara en problemas ginecológicos. Y eso, ya lo sabemos, está perfectamente descrito e incluso recogido por las guías médicas y el nuevo protocolo de diagnóstico precoz de la celiaquía.

Teniendo en cuenta que todas las recomendaciones médicas oficiales pasan por descartar la presencia de una patología relacionada con el gluten antes de iniciar una dieta sin gluten, en el caso de las mujeres con endometriosis sería lo más sensato iniciar el protocolo y descartar estas patologías. Y, en función de eso, actuar: si se confirma un diagnóstico de celiaquía, está claro. Y sino, ya se puede probar a comer sin gluten a ver si hay mejoría. Aunque también os recuerdo que esto mismo es la definición de la sensibilidad al gluten (o al trigo) no celíaca, así que, para el caso…

Conclusión (?)

Es cierto que no perdemos nada por probar a comer sin gluten para ver si mejoramos de algún mal que tenemos. Pero también es verdad que iniciar una dieta sin gluten por nuestra cuenta puede conllevar dos cosas:

  1. Que al no tener un diagnóstico “oficial” de nada, no seamos estrictos con la dieta cuando es posible que sí necesitáramos serlo.
  2. Que se dificulte el diagnóstico de una causa real subyacente.

Por ello mismo, las guías sanitarias recomiendan no dejar el gluten antes de descartar la presencia de celiaquía y, además, en caso de hacerlo, que sea siempre bajo la supervisión del personal sanitario competente.

Dicho esto, creo que es muy fácil concluir que si creemos que podemos mejorar de cualquier cosa comiendo sin gluten, antes sigamos el protocolo de diagnóstico de la celiaquía. Y luego, ya veremos.

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