A finales de mayo saltaba a los medios de comunicación una noticia muy esperanzadora para el colectivo celíaco: un grupo de investigadores de la Universidad de Oviedo ha conseguido desarrollar una técnica que puede detectar hasta 0,5 ppm de gluten. La feliz noticia se volvía un tanto amarga cuando entrábamos en detalle: aún falta financiación para el desarrollo del dispositivo y para proteger la patente en la Unión Europea. He querido hablar con el equipo de investigación al respecto para entrar un poco más en detalle y la profesora María Jesús Lobo ha atendido muy gustosamente todas mis preguntas.

En qué consiste el método de detección de gluten

Actualmente los métodos que se emplean oficialmente para certificar la cantidad de gluten utilizan anticuerpos. Estos compuestos son muy delicados y su estabilidad (caducidad) es limitada. Además, para obtenerlos se requiere experimentación con animales. Este grupo de investigación de la Universidad de Oviedo ha desarrollado un método de análisis que emplea un nuevo compuesto descubierto por ellos mismos que es capaz de detectar cantidades muy bajas de gluten en alimentos. En su diseño original consiste en un ensayo realizado sobre partículas magnéticas, que son muy fáciles y sencillas de manejar, con detección sobre electrodos desechables, similares a los que se emplean en la medida de glucosa, aunque requieren la adición de varios componentes para obtener la señal.

La mayor diferencia reside, precisamente, en el compuesto que es capaz de detectar el gluten. Se produce de forma sintética, lo cual elimina la necesidad de experimentar en animales y abarata el proceso. María Jesús Lobo nos cuenta que han desarrollado varios de estos compuestos con características complementarias.  Uno de estos compuestos es capaz de detectar todo tipo de gluten (trigo, cebada, centeno y avena) mientras que otro no reconoce la avena, un cereal cuya función en la celiaquía es controvertida. De esta manera disponen de un método que permite distinguir alimentos que contienen gluten con o sin avena.

Este método obtiene resultados en menos de los 90 minutos que requieren las técnicas actuales y tendría un precio de venta en el mercado inferior a los kits existentes.

Qué aplicación tendría

Su principal ventaja con respecto a los métodos existentes a día de hoy es la posibilidad de detectar hasta 0,5 ppm de gluten. A día de hoy, la comunidad científica establece en 20 ppm el umbral de seguridad para los celíacos, aunque es cierto que algunos son más sensibles a mínimas cantidades de gluten. Las metodologías actuales no detectan gluten por debajo de las 3 ppm.

Por ahora, explica María Jesús, está concebido para ser utilizado por un personal especializado de laboratorios de análisis encargados de certificar la cantidad de gluten presente en los alimentos. Sin embargo, no descarta la posibilidad de desarrollar otros formatos de ensayo que puedan utilizar los celíacos de a pie o el personal de la industria alimentaria, de forma que pudieran certificar ellos mismos sus productos.

Además, el componente clave del método, el compuesto que detecta el gluten, se puede emplear en muchos formatos diferentes. Ellos mismos han trabajado en ello pero la falta de financiación para personal no les ha permitido continuar.

Fiabilidad de los resultados

Para evaluar los resultados de las pruebas obtenidas por su nuevo método, se han ido comparando con los obtenidos por los métodos tradicionales. En este sentido, se ha comprobado que el dispositivo no lanza falsos negativos. Es decir: allí donde los métodos tradicionales arrojaban un positivo, también lo hacía el método desarrollado por este equipo.

Además, este método da positivo en pruebas en las que los métodos tradicionales arrojan un resultado negativo. La explicación sobre esto es bien sencilla: teniendo en cuenta que el nuevo dispositivo es más sensible y puede detectar hasta 0,5 ppm, detectará gluten allá donde otros no puedan y den, por tanto, negativo.

María Jesús explica que su objetivo desde el principio fue “obtener una nueva generación de compuestos que pudieran detectar cantidades ínfimas de gluten“, a pesar de que nada garantizara el éxito desde el primer momento. De hecho, asegura conocer otros grupos de investigación españoles y franceses que han fracasado en el intento.

Fase de desarrollo y empresas interesadas

La profesora María Jesús Lobo afirma que la técnica ya está en una fase avanzada de desarrollo, pero que requiere aún algunos experimentos adicionales para completar el proceso de validación, para lo que hace falta más personal especializado. La mayor parte del trabajo experimental fue realizado por una persona que estaba bajo una beca predoctoral que ya ha finalizado y que defendió con gran éxito su tesis.

El equipo ha mantenido reuniones con empresas españolas y extranjeras vinculadas al sector de los reactivos y kits bioquímicos con la intención de negociar la posibilidad de que dicha persona fuera contratada para ayudarles en el desarrollo final. Lamentablemente, ninguna de ellas se ha mostrado aún interesada en financiar este trabajo. Sin embargo, sí que se inclinan por llevar a cabo ellas mismas dicho desarrollo con el asesoramiento gratuito por parte del equipo de la Universidad de Oviedo.

Falta de financiación y patente

Como veíamos, el sistema aún requiere una fase final de desarrollo para la que aún no se cuenta con la financiación adecuada.

Además, a día de hoy la Universidad de Oviedo cuenta con la patente española de este método, pero no con la europea.

Según la Oficina Española de Patentes y Marcas, extender una patente a nivel europeo a los 11 países posibles cuesta hasta 40.000€. Cada país establece la cantidad requerida y la cosa va sumando. La cifra de 9.000€ que ha trascendido en los medios de comunicación hace referencia al dinero necesario para iniciar la fase regional, pero sin la extensión a los demás países, la patente quedaría igualmente desprotegida.

Actualmente el equipo no cuenta con financiación alguna para llevar a cabo este trámite, ni siquiera para abordar una parte.

El equipo de María Jesús Lobo

El grupo de personas detrás de un trabajo de estas características es fundamental para su desarrollo. He querido conocer quiénes han formado este equipo, y estos son sus nombres y sus funciones, según me los envía la profesora María Jesús.

Sonia Amaya González: ahora ya no forma parte del grupo después de defender su Tesis Doctoral, en la que se describen tanto el aptámero como el ensayo de gluten basado en él. Realizó una buena parte de todos los experimentos.

Dra. Noemí de los Santos Álvarez: es profesora contratada doctora en el departamento. Se formó en el grupo y tras una estancia de casi dos años en Estados Unidos volvió a la Universidad de Oviedo como Investigadora del Programa Ramón y Cajal. Ella fue quién diseñó e inició los experimentos de selección del aptámero, el nuevo reactivo que desarrollaron. Es codirectora junto con María Jesús de la Tesis Doctoral de Sonia.

Dr. Arturo José Miranda Ordieres: es profesor titular del departamento y uno de los fundadores del grupo de electroanálisis. Como celíaco, está muy preocupado por la fiabilidad y robustez de los métodos de análisis de gluten. Participó en el diseño e interpretación de los resultados obtenidos.

Dr. Rebeca Miranda Castro: investigadora que se formó en el grupo y tras dos años en una Universidad de París ahora vuelve a estar con el grupo con un contrato del Programa Clarín, del Principado de Asturias para la reincorporación de doctores. Participó en la última etapa de los experimentos tratando de buscar modificaciones de los aptámeros descritos que permitan mejorar aún más la capacidad de detección del gluten.

Laura López López: estudiante de máster que realizó su trabajo fin de master en nuestro grupo. Realizó estudios fundamentales de caracterización de los nuevos reactivos

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