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¡Qué alegría volver a veros por las redes! Aunque con mis descansos al final del día y los fines de semana, yo llevo todo el verano trabajando y vuestra ausencia se ha notado ¡y mucho!

Así que cuando ayer vi la cantidad de gente que estabais siguiendo y, lo más valioso, participando en mis historias de Instagram, me llevé una grata sorpresa de ver que ya estáis todos de vuelta.

Lo sé, seguir de vacaciones o sin tantas obligaciones sería muy guay, pero sé que también varios de vosotros tenéis ganas de retomar rutinas y de plantearos los nuevos objetivos del curso, así que hoy os traigo algo para todos: la primera receta de la vuelta al cole para que nos vayamos poniendo las pilas y que sea, a la vez, de esas sencillitas pero muy agradecidas.

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Por si aún no lo habíais adivinado (aunque si seguís mis historias por las redes, alguna idea ya tendréis), soy una nostálgica de la vida. No es que piense que todo tiempo pasado fue mejor, pero me encanta «visitar» momentos del pasado muy queridos para mí. Por supuesto, aquellos que os cuento en Singlutenismo están relacionados con la comida porque, vamos, de eso va la base de la vida sin gluten.

La receta que os traigo hoy tiene su origen en Venecia, cuando me enganché a la pasta con una salsa de tomate y ricotta de la cual comía platos y platos de lo increíble que estaba. Hoy os traigo aquella salsa casera que, como toda salsa, solo requiere de una cosa: tiempo.

Los mejores guisos y las mejores salsas (ya lo vimos con la boloñesa) se hacen con buen producto y a fuego lento. Esta requiere solo («solo» porque la boloñesa lleva ¡tres horas!) media horita de cocción, pero es suficiente para tener un momento de pausa con la cocina, que tan bien nos viene para centrarnos y vivir el presente.

Y, por supuesto, podéis hacer el doble de cantidad y congelarla en porciones para comer cuando os apetezca una salsa rica, rica de verdad

Ingredientes (para 3-4 raciones):

  • 400 g de tomate triturado
  • 100 g de ricotta (ya se encuentra fácilmente en los supermercados, entre los quesos frescos)
  • Una zanahoria bien grande o dos pequeñas
  • Una cebolla tierna (importante) mediana
  • Una cucharadita de albahaca deshidratada o 4 hojas de albahaca fresca
  • Sal fina
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 360 g de espaguetis Gallo sin gluten
  • Dos dientes de ajo
  • Dos hojas de laurel
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Preparación:

  1. Picar la cebolla y rehogarla en una olla a fuego lento en aceite de oliva virgen extra con una pizca de sal
  2. Picar la zanahoria y, cuando la cebolla empiece a dorarse, añadirla y sofreír
  3. Cuando la zanahoria se vaya dorando, agregar medio vaso de agua, subir a fuego medio y dejar reducir
  4. Cuando ya casi no quede agua, agregar el tomate triturado, una cucharadita de sal y la albahaca y tapar
  5. Cocinar a fuego lento durante 15 minutos, triturar y cocinar durante 5 minutos más
  6. Mientras tanto, poner a hervir el agua en una olla grande y cocinar los espaguetis tal y como os enseñé en mi entrada sobre cómo cocinar la pasta sin gluten perfectamente
  7. Agregar la ricotta troceada a la salsa, mezclar bien y cocinar durante 10 minutos más a fuego lento removiendo de vez en cuando para que se integre bien
  8. Escurrir la pasta, servir con la salsa y decorar con un poquito más de albahaca (deshidratada o con una hoja fresca decorativa)

Colaboración para Pastas Gallo.

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Showing 2 comments
  • Núria Dangla
    Responder

    Muchas gracias por tus recetas, deliciosa seguro. La probaremos.

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