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Ya sabéis que de un tiempo a esta parte me he aficionado a los desayunos. Siempre me han encantado, pero he vivido durante años en esa rutina de desayunar todos los días lo mismo, y el desayuno diferente estaba destinado a las ocasiones especiales. Pero eso se acabó: ahora empiezo cada mañana inspirándome de una forma diferente para desayunar. Comer algo que me gusta mucho es una cosa que me alegra mucho el día, así que ¿qué mejor que empezar cada día así? En los últimos meses no son pocas las veces que he me he preparado desayunos con avena, y muchos me habéis preguntado cómo la preparo. Así que he decidido recopilar en esta entrada tres maneras deliciosas y relativamente rápidas de comer avena para desayunar.

Antes de seguir, os quiero recordar que la avena en sí no tiene gluten, tal y como os expliqué en mi entrada sobre qué es el gluten que podéis leer haciendo clic aquí. No debemos olvidar que, aunque de por sí sea sin gluten, tenemos que encontrarla certificada en el mercado como tal. A pesar de ello, hay un pequeño porcentaje de celíacos a los que la avena, aún siendo sin gluten, no les sienta bien, por lo que nadie mejor que vuestro médico podrá valorar eso. Pero bueno, que ya os lo conté en detalle en su día y podéis ir a repasarlo cuando queráis.

Granola de avena

Una granola viene a sustituir los archiconocidos (y archiazucarados) cereales “de desayuno” de toda la vida. Lo interesante del asunto es que le podéis poner lo que os dé la gana, y aprovecho para deciros que ni siquiera hace falta que tenga avena. Para este ejemplo os explicaré cuál es la regla básica para hacerla con avena, pero que sepáis que podéis sustituirla por copos del cereal o pseudocereal que queráis o, incluso, hacerla sin cereal alguno.

Además, podéis encontrar varias granolas sin gluten en el mercado que están muy ricas, y debéis saber que rinden una barbaridad. Resultan bastante saciantes, así que con dos o tres cucharadas que desayunéis es suficiente si sois de hambre “normal”. La única pega que tiene la granola comprada es que no podéis personalizarla a vuestro gusto y que no podéis controlar la calidad de las grasas y la cantidad de azúcares que le ponéis.

Estas granolas de aquí abajo son de Quinua Real. He probado la de manzana y canela y la de cacao y coco, y ambas están deliciosas. Eso sí: siempre las como con yogur natural.

Pero si os la queréis hacer casera, es la cosa más sencilla del mundo y sólo tiene cuatro reglas básicas:

  1. Mezclad ingredientes secos e ingredientes húmedos en una relación 6:1. Es decir: mezclad copos, semillas y frutos secos en las proporciones y cantidades que queráis y a eso añadidle 1/6 de su volumen en grasa, azúcares e, incluso, clara de huevo. Podéis elegir los ingredientes que queráis y, en función de eso, tendréis una granola más o menos sana. Podéis usar aceite de coco o de oliva virgen extra, y mieles o siropes, e incluso no ponerle nada endulzante. La clara de huevo es, también, opcional, pero le dará un resultado mucho más crujiente a vuestra granola.
  2. Agregadle sabor extra. Podéis añadirle a vuestra granola otros sabores como canola, cacao, sal, nuez moscada, vainilla o cardamomo.
  3. Hornead a baja temperatura. Lo ideal es que nuestra granola se vaya secando y dorando poco a poco, así que hornearemos a unos 150ºC durante 40-45 minutos, hasta que tenga un color dorado bonito. Esto también dependerá de si habéis puesto azúcares o no. Habrá que remover con una espátula cada 15 minutos, para que se dore todo por igual, pero por lo demás el procedimiento es muy sencillo.
  4. Incorporad las frutas al final. Aunque le hayamos puesto frutos secos como nueces o almendras crudos al principio, si queremos poner otras frutas como pasas, orejones y, en general, frutas desecadas, lo ideal es que lo hagamos después del horneado. De esta manera, no se quedarán resecas.

Una vez lista vuestra granola, podéis guardarla en un bote hermético e ir comiendo poco a poco. Dependiendo de los ingredientes que hayáis usado y de la humedad ambiental, durará más o menos, pero como mínimo debería conservarse una semana sin problemas.

Podéis comerla como queráis. Mi forma preferida de hacerlo es con un yogur natural y una ración de fruta fresca. Lo mezclo todo en un bol y listo! Un desayuno rápido y delicioso.

Porridge de avena

El porridge viene a ser una especie de papilla que se hace con los copos de avena. Podemos hacerlo con agua (cosa que no he probado nunca, he de decir), con bebidas vegetales o con leche. Consiste en cocinarlo todo junto removiendo suavemente hasta que el líquido suelte el hervor. En ese momento, apagamos el fuego y dejamos reposar durante un minuto y ya está listo para comerlo.

La proporción básica para hacer una ración de porridge es de 240 gramos de líquido por 40 de avena, pero en realidad depende un poco de la textura que queráis conseguir. Para mí, si la voy a consumir en el momento, esta es la proporción perfecta. Pero ahora en verano resulta bastante agobiante comerse el porridge en caliente, así que me lo preparo la noche de antes y me lo como fresquito por la mañana. En este caso, lo hago con unos 260 gramos de líquido, ya que al enfriarse y al estar en reposo va absorbiendo poco a poco más líquido.

Para comerlo, no tenéis más que servirlo en un bol con fruta de temporada y, si queréis, frutos secos. Fresquito o calentito es toda una delicia!

Y os cuento un truco añadido: he notado que tras un día agotador, cenar un porridge calentito con calma me ayuda a relajarme y a descansar mejor por la noche. Probadlo y me contáis :)

Tengo que empezar a prepararme el porridge la noche de antes, que por la mañana me puede el hambre y acabo comiéndomelo caliente 😅

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Tortitas de avena

Esta receta es rápida, fácil y sana a partes iguales. Para esos días en los que nos apetece comer unas tortitas o hacer el desayuno un poquito más especial, si cabe, van genial. Podéis usar avena o copos de avena. Podéis molerlos o no, de tal manera que si no los moléis no os quedarán tan esponjosos y lisos como las tortitas clásicas, pero tendréis un desayuno riquísimo igualmente.

Y lo que os decía: el procedimiento no puede ser más sencillo. No tenéis más que batir un huevo con un plátano, 5 o 6 cucharadas de avena (o harina) dependiendo de si las queréis más finas o más gordas y 5 cucharadas de leche o bebida vegetal. Después, hacéis las tortitas más o menos grandes en una sartén vuelta y vuelta con cuidado de que no se os peguen, y listo. Podéis ponerle trozos de chocolate de más de un 70% de cacao o directamente cacao puro en polvo para hacerlas chocolatosas. También le podéis agregar canela, vainilla o lo que queráis para darle un saborcito.

Vamos, que tenéis un montón de variaciones para hacer y no aburriros nunca :)

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